Terrores nocturnos

domingo, 15 de abril de 2012

Jeffrey Lionel Dahmer, “El Carnicero de Milwaukee”



El 21 de Mayo de 1960 nació Jeffrey Lionel Dahmer, “El Carnicero de Milwaukee”. Su padre era un reconocido investigador químico y la madre, una mujer con problemas neuróticos. El matrimonio no duró mucho. El joven Jeffrey sufrió un terrible divorcio, donde fue tratado como peón en las continuas discusiones.

De niño, uno de sus juegos preferidos era torturar animales. Los mataba, descuartizaba y dejaba sus restos pudriéndose en el bosque. Algunos los guardaba en formol, mientras que a otros los introducía en lejía para limpiar los huesos.

Intentaba llamar la atención en zonas públicas comportándose de forma extravagante o haciéndose pasar por retrasado. Empezó a beber a muy temprana edad; aparecía en el colegio o en las tiendas completamente borracho, realizando espectáculos vergonzosos de exhibicionismo.

Con apenas 18 años, su padre abandona definitivamente la familia. Llenó de ira, recoge a un autoestopista con el que pretende mantener relaciones sexuales, pero el autoestopista se niega e intenta escapar. Jeffrey sintiéndose abandonado le golpea la cabeza y lo estrangula. Se llevó los restos al sótano donde los guardó en la tubería de la casa, sin embargo, se encapricho de la cabeza la cual lavó y guardó.

Empezó a mostrar síntomas de una depresión y su padre lo envió a la Universidad, no tardaron en echarle por su continuo estado de embriaguez. Cando llegó a casa, el padre lo alistó en el ejército. El resultado fue el mismo, sus borracheras hicieron que lo echaran nuevamente.

Frecuentaba bares y lugares donde poder tener relaciones esporádicas. Sufría de un trastorno que le impedía obtener placer sexual si la otra persona estaba consciente, por ello los drogaba con somníferos. Ninguna de sus parejas volvía a repetir la experiencia y además se encargaron de que otras personas conocieran su extraño comportamiento.

Fue tal su desesperación que robó un maniquí de una tienda para convertirlo en su compañero sexual. Al no sentirse saciado, intentó desenterrar el cadáver de un joven que acababa de fallecer, pero la tierra estaba congelada y le fue imposible recuperar el cadáver.

No tardó en volver a asesinar. Una mañana se despertó sobre un cadáver, no recordaba como lo había matado. Traslado sus restos en una maleta hasta la casa de su abuela, donde lo desmembró y luego limpió el cráneo para guardárselo como trofeo.

Su instinto asesino crecía. Su coto de caza eran lugares donde pudiera ofrecer dinero a cambio de sexo. Cuando aparecía el candidato idóneo, le ofrecía una bebida con somnífero; se lo llevaba a su apartamento, lo estrangulaba, violaba sus cadáveres y troceaba la carne para luego comérsela.

Con el tiempo empezaron a gustarle presas más jóvenes. Estuvo en la cárcel durante un año por intentar seducir a un muchacho de 13 años. Antes de entrar en prisión, se desahogo con una nueva víctima, después de matarlo y violarlo, se divirtió pintando su cráneo.

Cuando salió de la cárcel se fue a un nuevo apartamento donde tenía una larga mesa con dos grifos, era perfecto para extender los cuerpos y mutilarlos abriéndolos desde el cuello hasta la ingle. Les sacaba varias fotos antes de comenzar su macabro ritual. Le gustaba cocinar la carne para luego comérsela, las partes que menos le gustaban las tiraba a un contenedor con ácido.

Su locura aumentaba, su nuevo objetivo era intentar conseguir zombies sexuales. Experimentaba con los cadáveres trepanándolos y haciéndoles varios agujeros en el cerebro para inyectarles un líquido que conservaba el cuerpo.

Con el tiempo fue confiando demasiado en su suerte. Quizás por ello, una de sus víctimas consiguió escapar y llegar hasta la comisaría de policía. La policía se lo encontró esposado, gritando histéricamente diciendo que un hombre quería matarlo y comerle el corazón.

Cuando la policía entró se les revolvió el estómago. En las paredes había fotos de sus víctimas, un cadáver en descomposición en la cama, cráneos y carne humana en bidones llenos de ácido o en la nevera preparados para comer.

Fue sentenciado a 900 años de cárcel, pero murió en la cárcel asesinado a golpes por un recluso.

Con su muerte se produjo una gran discordia familiar por el cerebro y los vienes de Jeffrey. La madre quería vender el cerebro a institutos mentales, mientras que su padre sólo deseaba deshacerse de el.

Finalmente los familiares de las víctimas consiguieron los utensilios que se usaron para trocear los cadáveres y subastarlos.

Su práctica necrofilia y caníbal llevo a este asesino a la gran pantalla en la película “Dahmer”.