Terrores nocturnos

martes, 21 de octubre de 2014

El Asesino Otaku


Tsutomu Miyazaki fue un asesino japonés que destacó por la gravedad de sus asesinatos y no por el número de los mismos. Atacaba a niñas deseando satisfacer sus deseos sexuales y recrear sus fantasías Hentai.

Tsutomu nació en 1962, el 21 de agosto. Fue un bebe prematuro y debido a ello tubo serios problema en sus muñecas, no movía correctamente las manos, debía mover todo el antebrazo para poder girarlas.
Su padre era Katsumi Miyazaki, dueño de un periódico local, gracias ello su familia poseía una significativa influencia social. Sus padres eran adictos al trabajo, con lo que desatendían a sus hijos.
A partir de los 5 años sufrió diferentes burlas por sus compañeros de clase, a los niños les divertía las raras manos que tenía. Empezó a sentirse acomplejado hasta tal punto que escondía sus manos.
Cada vez que intentaba hacer algo y no era capaz, se frustraba, culpaba a sus limitadas manos. Se encerró en si mismo, y su autoestima estaba por los suelos.
Empezó a leer comics manga que lo transportaban a mundos y lugares donde no tenia que preocuparse por sus manos; su imaginación le hacia vivir en una vida paralela hecha a su medida.
El muchacho mostró su inteligencia en los estudios, sus notas eran de las mejores. Entró en Meidai Nakano High School y su objetivo final era la universidad de Meiji. Pero el mundo real no era tan divertido como la que aparecía en sus comics, y cambio los libros de estudio por los de manga.
Al no conseguir la nota necesaria para entrar en la universidad se dedicó a la fotografía, de esta manera entró en el negocio familiar. Aunque la familia trababa junta, no estaba unida. Sus padres que vivían para trabajar seguían desconociendo los problemas de su hijo.
Tsutomu no solo se avergonzaba de sus manos, si no también de su miembro, el cual era muy pequeño e impedía que Tsutomu mantuviera relaciones con una mujer. Sus únicas experiencias sexuales eran las que mantenía consigo mismo mientras se precipitaba al mundo del Hentai, la única temática que lo obsesionaba y donde su frustración sexual se mitigaba.
Llegó a decir que más de una vez había pensado en el suicido. Cuando le preguntan por que no contó estos problemas a sus padres, dijo: “Si hubiese tratado de hablar con mis padres acerca de mis problemas, ellos me habrían ignorado”.
Sus hermanas mataban el tiempo riéndose de él. En la familia la única persona que tenia afecto por el muchacho era su abuelo Shokichi.
Con los años sentía avidez por la pornografía, el Hentai no le satisfacía, su apetito sexual era muy elevado y necesita mucho más. Lo habían visto sacando fotos a las tenistas en los partidos, enfocando la entrepierna.
No tardó en caer en la pornografía infantil. Su apetito crecía, sin embargo era incapaz de acercarse a ninguna mujer, las observaba desde lejos imaginándose miles de escenas que había visto en sus videos.
La muerte de su abuelo, su único mentor, lo traumatizó de tal manera que se comió parte de las cenizas. Sus arrebatos de cólera se encendían con frecuencia, llegando a golpear a su hermana cuando lo pilló sacando fotos mientras se duchaba.
Tsutomu era un hombre obediente, cohibido y muy tranquilo, nadie sospechaba lo que escondía bajo su mirada perdida. Gracias a esta careta pudo acercarse a las niñas sin levantar sospechas.
El primer asesinato ocurrió el 22 de agosto 1988. Mari Konno (今野真理 Kon'no Mari)  con tan solo 4 años fue brutalmente estrangulada en le bosque que rodea la central de Shintama. Dejó el cadáver desnudo para que los animales se alimentaran.
La policía buscó a la niña durante cuatro semanas y dieron avisos a los padres de que vigilaran a sus hijos.
El 3 de octubre de 1988, la pequeña Misami Yoshizawa (吉沢正美 Yoshizawa Masami) de siete años, tuvo la mala suerte de encontrarse con Tsutomu. Convenció a la pequeña para que subiera al coche y se la llevó a las colinas de Komine Pass. En cuanto se sintió seguro la estranguló y abusó de su pequeño cuerpo.
Los dos cuerpos estaban a una distancia de apenas 100 metros.
El movimiento de la policía y de los vecinos aumento, habían desaparecido dos niñas en un periodo muy corto. Se empapelaron las calles con carteles donde aparecía la imagen de la pequeña Misami. Pero al igual que la vez anterior no se encontraron pistas.
El día 12 de diciembre mata a una niña de cuatro años, Erika Namba (難波絵梨香 Namba Erika). La introdujo en el coche. La llevó a Naguri,  donde la obligó a desnudarse mientras le sacaba fotografías. No contaba con que otro coche pasara cerca. Tsutomu se asusta y cuando la niña empieza a llorar, sufre un arrebato de ira y la estrangula.
Envolvió el cuerpo en una sabana y lo introdujo en un baúl que tenia en el coche, dejó el cadáver a 50 metros de la casa de los padres de la pequeña. El cadáver fue encontrado atado de pies y manos.
La policía peinó el bosque, pero no encontraron pistas. Estaba claro que todas las niñas eran de la misma zona. La policía empezó a sospechar que era obra de un único asesino, un asesino en serie.
Todas las familias tenían un nexo en común, y es que todas después de que sus hijas hubieran desaparecido sufrían llamadas reiteradas. Cuando contestaban al teléfono nadie contestaba, simplemente se escuchaba el silencio; si no contestaban, el teléfono podía sonar durante 20 minutos sin parar.
La seguridad se había duplicado, era peligroso matar a una niña cuando todo el vecindario estaba en alerta. Al no poder calmar su ansia sexual, se divertía torturando a los padres. Les mandó cartas destruyendo todas las esperanzas de encontrar a las niñas con vida.
El día 6 de febrero el padre de Mari recibe una caja con restos humanos calcinados y la ropa de su hija rasgada. En la parte superior de la caja habai una nota: “Mari. Huesos. Cremación. Investigar. Probar”.
El día 11 de febrero, poco satisfecho, envía una carta donde incluye una foto de la pequeña.
‹Puse la caja de cartón con los restos de Mari delante de su casa. Hice todo. Desde el inicio del incidente Mari hasta el final. Vi la conferencia de prensa de la Policía, donde dijeron que los restos no eran Mari. Ante las cámaras, su madre dijo que el informe le dio nuevas esperanzas de que Mari aún podría estar viva. Supe entonces que tenía que escribir esta confesión para que la madre de Mari no siguiera esperando en vano. Lo repito: los restos son de Mari››. 
La carta la firmo con el nombre de Yoko Miada, un ser ficticio con el que se hacia un juego de palabras con las que quería decir “ahora te diré”.
Se creó un gran alboroto por la crueldad y el horror de la afirmación de que las niñas estaban muertas, tal y como sospechaban.
Las cartas fueron analizadas sin éxito, pues estaba hecha con fotocomposición.
Había pasado meses desde su último asesinato. Pasó por el colegio de Akishima donde unas niñas jugaban tranquilamente. Se acercó a una de ellas y empezó a fotografiar sus braguitas. Un vecino que pasaba cerca lo vio, dio voces para alertar a otros vecinos, Tsutomu salió corriendo antes de que lo alcanzaran.
El 6 de junio, Ayazo Nomoto (野本綾子 Nomoto Ayako) de 5 años jugaba en el parque Ariake. Convenció a la pequeña para sacarle fotos, entre risas y bromas la introdujo en el coche. Estacionó el vehículo a 800 metros, cuando la niña le hizo un comentario sobre sus manos, sufrió un ataque de ira, la estranguló y golpeó con furia el cadáver. Después lo envolvió en una sabana y lo escondió en el maletero.
En esta ocasión no abandonó el cadáver. Se lo llevó a casa donde colocó el cuerpo de tal forma donde destacaba la entrepierna. Tomó varias fotos mientras se masturbaba.
Mantuvo el cadáver en la casa, pero el segundo día el cuerpo olía muy mal, sabia que debía deshacerse de el. Le cortó la cabeza, las manos y los pies.
El torso lo abandonó en el baño público del cementerio de Hanno. Quiso probar el sabor de la carne humana, así que cocino las manos y comió un poco. Los demás miembros los tiró por el bosque de Mitakeyama.
Se encontró el torso de la niña. Los vecinos estaban nuevamente en alarma, la policía se sentía frustrada al no encontrar pruebas y temían que la ola de crímenes volviera nuevamente.
El 23 de julio de 1989, Tsutomu vio a dos hermanas, se acercó a ellas. La mayor le indico a la pequeña que no se moviera mientras ella corría a buscar a sus padres. Cuando volvió se encontró a la pequeña desnuda mientras Tsutomu fotografiaba la entrepierna. El padre lo agarró y lo golpeó, pudo zafarse de la ira del hombre y corrió hacia el coche, no contaba con que la policía estuviera esperándolo.
Confesó cada asesinato y mostró los lugares exactos donde había tirado los cadáveres de las niñas.
Fue declarado culpable de “Los crímenes del Otaku”. Su padre avergonzado se negó a pagar a un buen abogado y posteriormente se suicidó.
En 1997, después de haberle realizado pruebas psicológicas, se dictamino que sufría un trastorno de personalidad múltiple y esquizofrenia extrema, pero esto no lo eximia de los crímenes ya que era consciente de lo que hacia.
Se le condenó a ser ahorcado, un método muy acorde a lo que él hacia. Durante años estuvo en el corredor de la muerte suplicando por la inyección letal. Su petición fue desatendida.
El 17 de enero del 2006 murió en la horca.